¡Hola, gente! Como vuestra bloguera favorita, sé que una de las preocupaciones que más nos quita el sueño hoy en día es cómo manejar la relación de nuestros peques con el mundo digital.
Yo misma, como madre y apasionada de la tecnología, me he dado cuenta de que la “desintoxicación digital” y el uso responsable de las redes sociales son temas que ya no podemos ignorar.
No es solo una moda pasajera; es una necesidad urgente para el bienestar de nuestros hijos y su desarrollo en esta era tan conectada. Los estudios recientes nos lo dejan claro: el tiempo excesivo frente a las pantallas puede afectar desde la calidad del sueño hasta el rendimiento académico y la salud mental de los niños y adolescentes, llevando a problemas como la ansiedad o la baja autoestima.
A veces, siento que estamos librando una batalla constante contra las notificaciones y los algoritmos que buscan captar su atención a toda costa. ¿Verdad que a ti también te pasa?
Limitar el tiempo de pantalla y fomentar actividades al aire libre o la interacción cara a cara se ha vuelto fundamental para su desarrollo cognitivo y emocional.
Además, la edad de acceso al primer móvil en España ronda los 11 años, y muchos menores utilizan las redes sociales a diario, incluso teniendo varios perfiles.
Esto nos obliga a buscar un equilibrio inteligente entre aprovechar las ventajas de la tecnología y protegerles de sus riesgos. Si quieres descubrir cómo establecer límites saludables y fomentar el bienestar digital en tu familia, aquí te daré las herramientas para conseguirlo.
¡Sigue leyendo para descubrir consejos prácticos y las mejores estrategias para guiar a tus hijos en el universo digital de forma segura y consciente!
Desentrañando el enigma de las pantallas: ¿Cuánto es “demasiado”?

La realidad de los tiempos de pantalla: ¿Qué dicen los expertos y nuestras vidas?
¡Hola de nuevo, familia digital! Si hay algo que me quita el sueño a veces, es intentar descifrar esa línea mágica entre un uso saludable de las pantallas y cuando la cosa empieza a irse de madre.
¿Sabéis? Recuerdo cuando mis hijos eran pequeños y el iPad era una novedad maravillosa para un ratito de dibujos o un juego educativo. Pero, ¡ay, amigos!
Con el tiempo, esa “novedad” se ha transformado en un omnipresente compañero que a veces parece tener más poder de atracción que el parque de al lado.
Los estudios más recientes nos advierten que el tiempo excesivo frente a la pantalla no es solo un capricho de padres preocupados, sino una realidad que afecta directamente al desarrollo cognitivo, emocional y social de nuestros hijos.
Aquí en España, he visto cómo muchos padres se debaten con esta cuestión a diario. La Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de Pediatría, por ejemplo, tienen unas recomendaciones bastante claras que, aunque a veces nos parezcan difíciles de cumplir, están ahí por una razón.
Para menores de 2 años, cero pantallas (excepto videollamadas con la familia, claro, ¡que son un chute de alegría!). Para los de 2 a 5 años, no más de una hora al día, y siempre con un adulto presente para guiarles.
Y ya para los más mayores, la clave es la calidad y el equilibrio, pero nunca dejando que sustituya actividades vitales como el sueño, el estudio o el juego al aire libre.
Personalmente, cuando veo a mi hijo mayor pegado a la consola por horas y luego le cuesta conciliar el sueño, sé que hemos cruzado esa línea. Es un recordatorio de que somos nosotros quienes debemos tomar las riendas.
Identificando el punto de inflexión: ¿Cuándo la diversión se vuelve preocupación?
A ver, que no me malinterpretéis, la tecnología tiene un montón de cosas buenas. Es una herramienta increíble para aprender, para conectar con gente que está lejos, para el entretenimiento…
Pero ¿cómo saber cuándo la balanza se inclina hacia el lado negativo? Para mí, hay varias señales de alarma que he aprendido a reconocer, tanto en mis propios hijos como en los de mis amigas.
Una de las más obvias es el cambio en el comportamiento: ¿Están más irritables, ansiosos o tristes después de usar el móvil o la tablet? ¿Se vuelven agresivos si les quitas el dispositivo?
Esa es una señal clara de que algo no va bien. Otro punto importante es cuando dejan de interesarse por sus aficiones habituales. Mi hija, que antes devoraba libros y pasaba horas dibujando, empezó a preferir el TikTok.
Fue un jarro de agua fría darme cuenta de que el mundo real perdía atractivo frente a la pantalla. Además, si el tiempo frente a la pantalla empieza a afectar su rendimiento escolar, su sueño o sus interacciones sociales cara a cara, es el momento de actuar.
No se trata de eliminar la tecnología de sus vidas, sino de enseñarles a usarla de forma consciente y equilibrada. Es un proceso, y como madres y padres, somos los primeros en aprender a navegar por estas aguas turbulentas.
Construyendo puentes digitales: Comunicación y confianza en la era de los algoritmos
Abriendo el diálogo: Sin juicios, con curiosidad genuina
Una de las cosas que he descubierto que funciona de maravilla es la comunicación. Parece obvio, ¿verdad? Pero a veces, con las prisas del día a día y nuestros propios miedos, se nos olvida lo importante que es hablar con nuestros hijos, no solo sobre lo que hacen online, sino sobre cómo se sienten.
Yo misma he caído en la trampa de soltar un “¡Deja ya el móvil!” sin más. Y, ¿sabéis qué? Eso solo genera distancia y resentimiento.
Lo que realmente me ha funcionado es sentarme con ellos, con una actitud de curiosidad genuina, no de interrogatorio. Preguntarles qué vídeos están viendo, qué juegos les gustan, quiénes son sus amigos online.
Y, lo más importante, escuchar de verdad sus respuestas, sin juzgar. Por ejemplo, mi hijo adolescente me contó una vez que un “amigo” del colegio le había mandado un mensaje un poco feo por Instagram.
En lugar de prohibirle el móvil de inmediato, le pregunté cómo se sentía, qué pensaba hacer. Juntos, hablamos sobre bloquear a esa persona y sobre lo importante que es no quedarse callado.
Esa conversación, nacida de la confianza, fue mucho más poderosa que cualquier prohibición. La clave es hacerles sentir que estamos ahí para apoyarles, no para castigarles, y que pueden contarnos cualquier cosa sin miedo.
Estableciendo límites claros y negociables: El arte de pactar
Hablar está muy bien, pero los límites son esenciales. Esto lo tengo clarísimo. Mis hijos, como todos los niños y adolescentes, necesitan estructura y claridad.
Probar diferentes enfoques me ha enseñado que lo más efectivo es establecer límites claros y, siempre que sea posible, que sean negociables. Por ejemplo, en mi casa tenemos una norma inquebrantable: nada de móviles en la mesa durante las comidas, ni en los dormitorios después de una cierta hora.
Al principio hubo protestas, ¡claro! Pero explicando el “porqué” de esas reglas (la importancia de la conversación familiar, la necesidad de un buen descanso), y siendo constantes, poco a poco se han ido aceptando.
También hemos creado un “horario digital” semanal, donde ellos tienen voz y voto para decidir cuándo y cuánto tiempo pueden usar las pantallas para ocio, siempre y cuando cumplan con sus responsabilidades escolares y otras actividades.
Firmamos un pequeño “contrato” familiar que incluye también lo que yo llamo “desafíos digitales”, como pasar una tarde sin ningún dispositivo y hacer algo creativo.
Lo más importante es que ellos sientan que no es una imposición arbitraria, sino un acuerdo mutuo para su propio bienestar. A veces cedemos un poco en alguna ocasión especial, pero la base está ahí y saben que somos un equipo.
Más allá del “scroll”: Redescubriendo el placer de lo analógico
Fomentando pasiones offline: Desde el arte hasta la aventura al aire libre
Si algo me ha quedado claro como madre y como bloguera, es que la mejor desintoxicación digital no viene de prohibir, sino de ofrecer alternativas atractivas.
Recuerdo un verano en el que mis hijos estaban especialmente pegados a sus pantallas. Me sentía frustrada, así que decidí tomar cartas en el asunto de una forma divertida.
Compré un kit de pintura gigante, les apunté a un taller de cerámica y, la joya de la corona, planificamos excursiones de senderismo por la sierra de Guadarrama.
Al principio hubo resistencia, os lo aseguro. “¡Qué aburrido, mamá!”, “¡No me apetece andar!”, decían. Pero la sorpresa fue que, una vez que estaban inmersos en esas actividades, sus ojos volvían a brillar con una luz diferente, una que no da la pantalla.
Ver a mi hija concentrada en su torno de alfarero o a mi hijo descubriendo un nido de pájaros en el campo, era pura magia. El objetivo es que encuentren la misma satisfacción, o incluso más, en el mundo real que en el virtual.
Ya sea a través del deporte, la música, la lectura, el voluntariado o simplemente jugando en el parque con amigos. Es nuestra labor como adultos mostrarles que la vida está llena de aventuras y descubrimientos que no necesitan batería para ser emocionantes.
Zonas libres de tecnología: Creando santuarios de conexión real
Una estrategia que nos funciona de maravilla en casa es designar “zonas libres de tecnología”. Es como crear pequeños santuarios donde la conexión humana es la única protagonista.
La mesa de la cocina es sagrada: durante las comidas y cenas, todos los móviles van a una cesta en la entrada. Al principio hubo que recordar un poco, pero ahora ya es automático.
Al principio mi marido y yo también tuvimos que hacer un esfuerzo consciente, ¡que nosotros también caemos! Otro lugar sagrado es el dormitorio, especialmente por la noche.
Nada de pantallas una hora antes de dormir. Hemos comprobado que esto mejora muchísimo la calidad del sueño de todos. Al eliminar las distracciones digitales de estos espacios clave, abrimos la puerta a conversaciones más profundas, a juegos de mesa, a la lectura de un cuento antes de dormir, o simplemente a un momento de tranquilidad y reflexión.
Estos pequeños gestos construyen una cultura familiar donde la tecnología es una herramienta útil, no una dueña de nuestro tiempo y atención. Se trata de recuperar esos momentos de conexión pura que, al final, son los que realmente nutren el alma.
El guardián digital: Herramientas y estrategias para una navegación segura
Configuraciones de privacidad y control parental: Tus aliados silenciosos
Ser un “guardián digital” para nuestros hijos no significa espiarles, sino equiparnos con las herramientas adecuadas para protegerlos en un mundo online que, a veces, puede ser un poco salvaje.
Yo he pasado horas investigando y probando diferentes configuraciones, y os aseguro que merece la pena. La mayoría de los dispositivos y plataformas tienen opciones de control parental que son una maravilla si sabemos usarlas.
Desde los ajustes de tiempo de pantalla en iOS y Android, hasta la configuración de privacidad en YouTube Kids, Instagram o TikTok. Por ejemplo, he configurado en sus tablets tiempos límite de uso diario para ciertas aplicaciones, y he bloqueado contenido inapropiado.
También reviso regularmente sus ajustes de privacidad en las redes sociales para asegurarme de que sus perfiles sean privados y que no compartan información personal con desconocidos.
Es como poner una valla en el jardín para que puedan jugar seguros. Aquí os dejo una pequeña tabla que he creado con algunas de las herramientas más útiles que he descubierto, basándome en mi experiencia y lo que he investigado para mi blog:
| Herramienta/Plataforma | Funcionalidad Clave | Mi consejo personal |
|---|---|---|
| Family Link (Google) | Gestión del tiempo de pantalla, aprobación de apps, rastreo de ubicación. | Imprescindible para dispositivos Android. Configura los tiempos de inactividad para las noches. |
| Tiempo de Uso (Apple) | Informes de actividad, límites de apps, restricciones de contenido y privacidad. | ¡Explora a fondo! Puedes programar “Tiempo de inactividad” para los estudios o las comidas. |
| Qustodio | Bloqueo de contenido, límites de tiempo, informes de actividad, control de apps. | Una opción más robusta si necesitas un control más granular en varios dispositivos. |
| YouTube Kids | Contenido seleccionado por edad, control parental sobre canales y búsquedas. | Siempre supervisa y revisa los historiales. Crea perfiles por edad para un contenido más adecuado. |
| Configuración de privacidad en redes sociales (Instagram, TikTok) | Control de quién puede ver y comentar, mensajes directos, perfiles privados. | Enséñales a revisar sus propias configuraciones contigo. ¡Perfil privado SIEMPRE! |
Educando para la resiliencia digital: Pensamiento crítico y empatía online

Más allá de las herramientas de control, lo que realmente empodera a nuestros hijos es la educación. No podemos estar las 24 horas del día pegados a ellos, así que necesitan desarrollar su propio “criterio digital”.
Esto es algo que he trabajado mucho en casa. Les enseño a pensar de forma crítica sobre lo que ven online. “¿Es esto real?”, “¿Quién lo ha creado?”, “¿Por qué esta persona está compartiendo esto?”.
Fomentar estas preguntas les ayuda a no caer en trampas como las noticias falsas o la presión de los anuncios. También hablamos mucho sobre la empatía en el mundo digital.
Les explico que detrás de cada pantalla hay una persona con sentimientos, y que un comentario hiriente online duele igual o más que en la vida real. Hemos tenido conversaciones sobre el ciberacoso y les he dejado claro que si alguna vez se encuentran en una situación así, deben venir a mí o a mi marido de inmediato.
Es fundamental que sepan que tienen una red de apoyo y que no están solos. Educarles para que sean ciudadanos digitales responsables, amables y críticos es, en mi opinión, el mayor regalo que podemos darles.
Mi experiencia en casa: Cuando la teoría se encuentra con la vida real
Mis propios retos y aprendizajes: No siempre es fácil, ¡pero es posible!
Os seré sincera, esto de la desintoxicación digital y el uso responsable no es un camino de rosas, ni mucho menos. Hay días en que siento que estoy en una batalla campal con mis hijos por el tiempo de pantalla, y confieso que a veces me entra el “modo sargento”.
¿A quién no le ha pasado? Recuerdo una vez que mi hija adolescente se enfadó muchísimo porque le quité el móvil a la hora de cenar. Se encerró en su habitación, y yo me sentí fatal, pensando que estaba haciendo las cosas fatal.
Pero luego, mi marido me recordó que estoy haciendo lo mejor para ella, y que las reacciones son parte del proceso. Al día siguiente, hablamos con calma y le expliqué de nuevo por qué era importante para la familia.
Con el tiempo, he aprendido que la clave está en la paciencia y la coherencia. No puedo esperar que cambien sus hábitos de la noche a la mañana si yo misma no soy un buen ejemplo.
Así que, sí, hay días difíciles, pero cada pequeña victoria, cada conversación constructiva, cada vez que eligen una actividad offline en lugar de la pantalla, es un recordatorio de que estamos en el camino correcto.
Pequeños pasos, grandes victorias: Celebrando cada avance
Una de las cosas que más me ha ayudado a mantener la motivación es celebrar los pequeños avances. No esperéis una transformación radical de un día para otro.
Es un maratón, no un sprint. Por ejemplo, cuando mis hijos deciden ir al parque con sus amigos en lugar de quedarse jugando online, o cuando pasan una tarde leyendo un libro sin que yo les diga nada, ¡eso es un triunfo!
A veces, simplemente el hecho de que me cuenten algo que les ha preocupado online, ya lo considero una victoria, porque significa que la confianza está ahí.
Hemos establecido pequeños “retos sin pantallas” durante el fin de semana, y si los cumplen, los recompensamos con algo que les guste, como ir al cine o preparar su cena favorita juntos.
No se trata de comprar su buena conducta, sino de reconocer y reforzar los hábitos saludables. Esas pequeñas victorias se suman y construyen una base sólida para un uso más consciente y equilibrado de la tecnología a largo plazo.
Así que, ¡ánimo! Cada esfuerzo cuenta, y recordad que no estáis solos en este viaje.
Mirando al futuro: Preparando a nuestros hijos para un mundo hiperconectado
Desarrollando la autogestión digital: La clave para la independencia
En última instancia, el objetivo de todo esto no es solo proteger a nuestros hijos, sino prepararlos para un mundo que será aún más digital de lo que es hoy.
Mi gran aspiración como madre es que mis hijos no solo sepan usar la tecnología, sino que la dominen y la usen con sabiduría y responsabilidad, incluso cuando yo no esté ahí para supervisarles.
Esto implica enseñarles a autogestionarse. Por ejemplo, he empezado a delegarles más responsabilidades sobre sus propios tiempos de pantalla, siempre dentro de los límites generales que hemos establecido.
Les animo a que ellos mismos se hagan preguntas como: “¿He terminado mis deberes?”, “¿He pasado suficiente tiempo al aire libre?”, “¿Es realmente necesario ver este vídeo ahora?”.
Les doy la autonomía para tomar sus propias decisiones, y luego hablamos sobre las consecuencias, tanto positivas como negativas. Es como enseñarles a cocinar: al principio les guías paso a paso, pero al final quieres que sean capaces de preparar su propia comida de forma segura y saludable.
Desarrollar esta autogestión es fundamental para que, el día de mañana, sean adultos digitales competentes y equilibrados.
Convirtiendo la tecnología en una aliada: Uso creativo y productivo
Finalmente, y esto es algo que me apasiona especialmente, creo firmemente que debemos enseñar a nuestros hijos a ver la tecnología no solo como una fuente de ocio pasivo, sino como una poderosa aliada para la creatividad y el aprendizaje.
He visto cómo mi hijo, que antes solo usaba la tablet para juegos, ha descubierto aplicaciones para diseñar sus propios videojuegos o crear animaciones.
Mi hija, con su móvil, ha empezado a editar vídeos cortos para sus proyectos escolares y a aprender idiomas con apps interactivas. Es como si les hubiéramos entregado un pincel y les hubiéramos mostrado que, además de colorear dibujos preestablecidos, pueden pintar su propia obra de arte.
Fomentar el uso productivo de la tecnología, ya sea para investigar, para programar, para crear música o para conectar con comunidades de aprendizaje, transforma por completo su relación con ella.
Dejan de ser meros consumidores para convertirse en creadores. Y eso, amigos, es el verdadero poder de la era digital bien utilizada: una herramienta para expandir sus mentes y sus posibilidades, no para limitarlas.
¡Juntos podemos guiarlos hacia un futuro digital brillante!
글을 마치며
¡Y así llegamos al final de este viaje por la pantalla y la vida real, mis queridos lectores! Espero de corazón que estas reflexiones y experiencias compartidas os sirvan de guía en vuestro propio hogar. Recordad que la clave no es la perfección, sino la constancia, el amor y la comunicación. No hay una fórmula mágica universal, pero cada pequeño paso, cada conversación honesta y cada esfuerzo por encontrar el equilibrio cuenta. Juntos, como padres y madres, tenemos el poder de guiar a nuestros hijos hacia un futuro donde la tecnología sea una herramienta maravillosa en sus manos, y no al revés. ¡Sigamos construyendo juntos esa conexión tan especial!
알아두면 쓸모 있는 정보
1. Establece Zonas Libres de Pantallas: Designa lugares como la mesa del comedor o los dormitorios como espacios sagrados donde los dispositivos no tienen cabida. Esto fomenta la interacción familiar y mejora la calidad del descanso.
2. Crea un Horario Digital Familiar: Involucra a tus hijos en la creación de un calendario semanal que delimite cuándo y cuánto tiempo pueden usar las pantallas. La negociación y el consenso aumentan la adhesión a las reglas.
3. Fomenta Actividades Offline Apasionantes: Ofrece alternativas atractivas como el deporte, la música, la lectura, el arte o excursiones al aire libre. La diversión en el mundo real es el mejor antídoto contra el uso excesivo de pantallas.
4. Aprovecha las Herramientas de Control Parental: Familiarízate con las configuraciones de tiempo de uso y privacidad en los dispositivos y plataformas. Aplicaciones como Family Link (Android) o Tiempo de Uso (Apple) son tus grandes aliados.
5. Educa para el Pensamiento Crítico Digital: Enseña a tus hijos a cuestionar lo que ven online, a identificar noticias falsas y a comprender el impacto de sus interacciones. Una mente crítica es su mejor defensa en el entorno digital.
Importancia 사항 정리
En resumen, la gestión del tiempo de pantalla en la era digital es un desafío constante pero superable. El equilibrio es fundamental: la tecnología no es el enemigo, sino una herramienta que debe usarse con conciencia. La comunicación abierta y empática con nuestros hijos es la piedra angular, permitiéndoles sentir confianza para contarnos sus experiencias online. Establecer límites claros y coherentes, junto con el fomento activo de pasiones y actividades en el mundo real, son esenciales para su desarrollo integral. Finalmente, equipar a nuestros hijos con herramientas de seguridad digital y, lo que es más importante, con la capacidad de autogestión y pensamiento crítico, les preparará para ser ciudadanos digitales responsables y felices. Recuerda, cada familia es un mundo, y encontrar el camino adecuado es un proceso de aprendizaje continuo y mucho amor.
Preguntas Frecuentes (FAQ) 📖
P: ¿Cuál es la edad ideal para que mi hijo tenga su primer móvil y cómo puedo preparar ese momento?
R: Ay, ¡esta es la pregunta del millón, verdad! Si te soy sincera, no hay una edad mágica universal que funcione para todos, pero en España, por ejemplo, la media suele rondar los 11 años, como bien comentábamos.
Desde mi propia experiencia como madre, me he dado cuenta de que más allá del número, lo crucial es la madurez individual del niño y la necesidad real que tenga.
¿Está empezando a ir solo al colegio o a actividades extraescolares? ¿Sus amigos ya lo tienen y se siente excluido de los grupos de comunicación? He descubierto que antes de lanzarnos a comprarlo, es vital tener una conversación honesta con ellos.
Explícales que un móvil es una herramienta de comunicación y seguridad, no un juguete, y que conlleva responsabilidades. En mi casa, establecimos reglas claras desde el primer día: horarios de uso, dónde no se usa (¡nada de móvil en la mesa o antes de dormir!), y la importancia de la privacidad y el respeto online.
Me ha funcionado muchísimo el concepto de “contrato digital” familiar, donde todos participamos en la creación de esas normas y firmamos un acuerdo. Y una cosa que me ha sorprendido gratamente es lo rápido que aprenden a gestionar esa responsabilidad si les das la guía adecuada.
¡Mi consejo es empezar con un móvil sencillo, sin muchas distracciones, y poco a poco irás viendo cómo lo manejan y adaptando las reglas según su evolución!
P: Mi hijo pasa demasiado tiempo con las pantallas, ¿cómo puedo reducirlo sin generar una guerra en casa?
R: ¡Uf, esta es una batalla que muchas veces siento que libro a diario! Entiendo perfectamente tu frustración, porque lo hemos vivido. Lo primero que te diría, basándome en lo que me ha funcionado en mi propia casa, es que la prohibición total o la retirada brusca rara vez funciona a largo plazo; suele generar el efecto contrario, ¡que lo deseen aún más con mayor intensidad!
Lo que me ha dado mejores resultados es buscar el “equilibrio” y la negociación. Empezamos por establecer tiempos claros y, sobre todo, explicarles el porqué.
No es un capricho nuestro, es por su bienestar, su descanso y su desarrollo. Me encanta usar temporizadores visuales o aplicaciones de control parental que marcan el tiempo restante, y cuando suena la alarma, ¡se acabó!
Otra estrategia que me ha salvado la vida es ofrecer alternativas atractivas antes de quitarles la pantalla. Por ejemplo, antes de que termine su tiempo, les propongo: “¿Qué tal si jugamos un juego de mesa juntos?”, “¿Quieres ayudarme a preparar la merienda o la cena?” o “¿Salimos a dar una vuelta en bici o al parque?”.
La clave es que tengan opciones reales y divertidas que sustituyan la gratificación inmediata de la pantalla. Y, por supuesto, nosotros, como adultos, ¡tenemos que dar ejemplo!
Si nos ven todo el día pegados al móvil, ¿qué coherencia les vamos a pedir? Creo firmemente que involucrarles en actividades familiares, hobbies o deportes que no impliquen pantallas es la mejor “desintoxicación digital” que podemos ofrecerles, ¡y también una oportunidad para reconectar!
P: ¿Cómo puedo asegurarme de que mi hijo esté seguro en las redes sociales y qué debo enseñarles sobre su uso?
R: ¡Esta es una preocupación que me quita el sueño a mí también, te lo confieso! Con tanto contenido, tanta interacción y la posibilidad de perfiles múltiples, es normal sentirnos abrumados y un poco perdidos.
Lo primero y más importante que he aprendido, y que he aplicado en mi familia, es la comunicación abierta y constante. Necesitamos crear un espacio de confianza donde nuestros hijos se sientan cómodos para contarnos cualquier cosa que vean o les pase online, sin miedo a ser castigados o a que les quitemos el móvil.
Desde mi experiencia, lo básico es enseñarles a proteger su privacidad: ¡nunca compartir datos personales como la dirección, el colegio o el teléfono con desconocidos, ni fotos comprometedoras!
También es fundamental que entiendan que lo que se publica en internet “se queda ahí para siempre”, es una huella digital imborrable. Les he explicado la importancia de pensar dos veces antes de subir algo y la diferencia entre un amigo real y un “seguidor” o “contacto” online, que puede no ser quien dice ser.
Otra cosa que me ha funcionado mucho es el “acompañamiento” y el interés genuino. No se trata de espiar, sino de mostrar cercanía: “¿Qué ves hoy en TikTok?”, “¿Con quién estás chateando en Instagram?”.
Y, por supuesto, familiarizarte tú mismo con las herramientas de control parental que ofrecen los dispositivos y las plataformas, así como con las configuraciones de privacidad de cada red social.
¡No podemos dejarles solos en este universo digital tan complejo! Es nuestro deber guiarlos y empoderarlos para que naveguen con confianza, seguridad y criterio.






